Colección Papiros

El largo ensayo dedicado a fijar la estirpe de Semprum puede darnos la justa aspiración de este libro: ilustrar la tradición intelectual de una cultura desde su literatura. Autores y horizontes elegidos se prolongan en ese entorno que los muestra en un escenario más estable, en diálogo con aquello que los anuncia; la devoción de Balza por una ecología, un universo cobijador, lo lleva a insistir en las genealogías, arraigar sus elecciones en la experiencia mental donde el país se ordena. Da con lo regular, lo dispone en el centro de una armonía y así se nos va mostrando el tiempo mental de una comunidad, sus afanes de representación en medio de la rutina de pura acumulación. Pensar y destilar sus frutos fuera de la premura, modelar en la paciencia de un rumor, el catálogo de las escrituras es ceñido en su saga ideológica, ciertamente, pero la voluntad de ver en ellas el ritmo asentado de un estilo, la vocación silogística de un pensamiento, hace de estos ensayos, apenas diversos y sobre todo filiales, una afirmación del espíritu crítico, reflexivo de la literatura. Toda invención descansa en un orden de fondo –parece decirnos Balza–; certidumbre o solaz, el mundo está en ella para ser estremecido, pero también para ser comprendido desde la clara alegría de quien puede explicar sus visiones.
Miguel Ángel Campos